“Mal es la soledad,
mas peor es compaña
de omre syn
verdat”
Don Sem Tob de Carrión
Todavía no había amanecido cuando nos
acercamos a
El lugar que elegimos para ello era un bar del que no recuerdo su nombre y del que sólo puedo
decir que estaba dentro del pueblo, en el mismo camino. Cuando entramos había
ya en él algunas personas tomando algo y mirando como adormecidos el televisor
que daba las noticias desde un rincón del establecimiento. Pedimos dos cafés y
en silencio nos entretuvimos en observar todo aquello que había a nuestro
alrededor.
En eso, entró una joven peregrina Belga a
la que al poco abordó uno de los hasta entonces adormilados parroquianos del
lugar, dándoselas de amable e interesado por su peregrinación: ella que no
sabía nada de español y no quería resultar descortés con el lugareño…; él que
no conocía otro idioma, y quería mostrar a la forastera vaya a saber usted qué
virtudes del nativo del lugar…; y todos los demás que observábamos con cierta
hilaridad el espectáculo que se nos estaba ofreciendo… Viendo que a pesar de la
barrera idiomática, la joven peregrina sabía manejárselas muy bien por sí
misma, decidimos abandonar el lugar y comenzar nuestra marcha.
Al salir vimos que había comenzado a
amanecer. En esta época del año lo hace más tarde que cuando comenzamos el
camino, y eso es algo que se nota. El cielo parecía estar claro, cosa que nos
alegró, pues los días anteriores había llovido casi sin interrupción y esto nos
tenía algo preocupados. Estaba de un azul muy hermoso rizado por unas finas
nubes de un intenso color naranja que hacían de aquella amanecida, mientras
salíamos ya de Frómista, un espectáculo de ensueño.
A uno le venían a la memoria aquellos
versos con los Homero abre el canto VIII de
“La
aurora, de azafranado velo, se esparcía por la tierra,
cuando Zeus, que se deleita con el rayo,
convocó la asamblea
de los dioses en la cima más alta del
Olimpo, lleno de riscos…”
Salimos de Frómista en dirección a
Carrión por un andadero que discurrirá durante toda la etapa en paralelo a la
carretera PA-980. Al poco, pasamos junto a un crucero en cuya base se
representa, en una de sus caras, la cruz de Santiago sobre una concha y bajo
ellas la fecha “MCMLXV”. En aquél lugar dejamos, como amigos que somos de
cumplir con todos los ritos de paso,
unas piedras, como antes parece ser que habían hecho muchos otros, a la vista
de la cantidad de ellas que se apilaban en aquél lugar.
A los tres kilómetros de marcha, tras
apenas caminar 40 minutos, llegamos al primer municipio: Población de Campos. Antes de entrar
en él, nos encontramos a la izquierda del camino con la ermita de San Miguel Arcángel, un hermoso conjunto rodeado de
árboles y de una fuente. Es una pequeña edificación de claros orígenes
románicos, dotada una única nave y en cuyo interior debe haber una imagen
anónima de San Miguel Arcángel del siglo XVIII. Nosotros no pudimos verla, ni
visitar su interior, pues cuando llegamos allá estaba cerrada.
Camino del interior de pueblo nos
encontramos un árbol en el que alguien, presumimos que un peregrino, dibujó con
un cuchillo la imagen de un templo que asemejaba en algo al de Villalcazar de Sirga, pero bien podía querer representar al
mismo parroquial de Población de Campos, al de Santiago o a ninguno en
particular.
Atravesamos el interior de Población de
Campos, llegándonos hasta la ermita dedicada a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, cerca de la salida del
pueblo. Esta se encuentra como hundida a un lado de la calle, y nos trajo a la
memoria el efecto que producen los tell o las ciudades construidas a base de adobe de Oriente
Próximo. Cuando se derruían sus edificios, se alisaban las ruinas y construía
de nuevo encima, elevando cada vez más el nivel del suelo.
Volviendo a la ermita, parece ser que no es sino
parte de la desaparecida Iglesia de San Pedro, perteneciente a
Al salir del pueblo hay un puente en el
que se le ofrece al peregrino la posibilidad de elegir entre dos itinerarios:
continuar paralelo a la carretera que nos conduce hasta Villalcazar
de Sirga por Revenga de Campos, o seguir la pista paralela al río Ucieza hasta Villalcázar de
Sirga, pasando antes por Villovieco, para unirse a la
anterior en Villarmentero de Campos.
Aunque esta segunda es menos utilizada,
es también la que corresponde, en parte, con el trazado más antiguo. Lo de en parte es porque inicialmente no
pasaba por Villasirga –como sí lo hace ahora-, sino
que continuaba por Villovieco y Arconada
hasta Carrión.
Decidimos continuar por la vía clásica,
que en este caso no es la más antigua, y atravesando el puente del rio Ucieza, marchamos en
dirección a Revenga de Campos.
Continuamos por el andadero paralelo a la
carretera, jalonado cada tanto por mojones que señalan el camino e impiden que
los coches se cuelen en él. Como es habitual en este país, tan dado a los
comportamientos antisociales y vandálicos, a muchos de los mojones les falta la
loseta que los adornaba con el símbolo del Camino de Santiago. Es de imaginar
que serán ya unos cuantos los hogares de gentes que viven o han pasado por aquí
que se adornan con uno de estos símbolos jacobeos.
En Revenga de Campos coinciden el Camino
de Santiago con lo que en los últimos años se han dado en llamar la “Rutas de
Carlos V”, pues fue una de las localidades de paso y pernocta de Carlos V en su
primer recorrido por tierras castellanas, cuando tenía diecisiete años. Todavía
permanece en pie la casa donde dicen que se constata documentalmente la
estancia del Emperador aquella noche.
Caminamos por la calle principal,
El bar estaba
en total silencio; no había nadie en la barra, y no se nos daba ni razón ni
apariencia de que lo fuera a haber en algún momento. Hicimos algo de ruido
hablando alto para ver si alguien aparecía y nada; esperamos algo de tiempo,
que aprovechamos para visitar el baño, y nada; volvimos a hablar alto, mirando
esta vez a nuestra convidada de piedra
por si pudiera decirnos algo: parecía que ni respiraba. Lo único que se oía
dentro era el zumbido monótono del congelador. Nos fuimos como habíamos
entrado.
Más o menos a la mitad de la calle que
cruza el pueblo, a mano derecha, dimos con la iglesia de San Lorenzo, a la que
nos acercamos para intentar visitarla. Estaba cerrada, pero llamó nuestra
atención un curioso obelisco que había frente a ella y ante el que nos
detuvimos a leer lo que decía; estaba labrado en sus cuatro caras, y en una de
ellas se decía:
“Illmo. Sr. Dn. Batolome Amor murió en 11 D Dmbre.
de
En otra de las caras dice:
“Dobla
mortal la rodilla ante esta tumba elebada de un Gral.
D Castilla la esposa aquí esta enterrada”
Bartolomé Amor, que es a quien se
homenajea aquí junto a su esposa, fue hijo de éste pueblo y sobresalió durante La francesada por defender la ciudad de
Palencia de las tropas invasoras francesas. Combatió junto a Porlier y levantó
diferentes guerrillas en Alava,
Nos entreteníamos en esas cosas, cuando
los bocinazos de un coche nos sacaron de golpe de nuestra abstracción. Su
propietario parecía estar llamando a los vecinos del pueblo desde una calle
próxima al lugar donde nosotros estábamos y que conserva aún el nombre de José
Antonio Primo de Rivera. El que tales ruidos hacía parece ser que era el
panadero, no pudimos verlo bien desde donde estábamos, pero de inmediato se
arremolinó a su alrededor un nutrido grupo de lugareñas que trataban y reían
con el comerciante como si se conocieran de toda la vida.
Al poco, una mujer acompañada de un niño
pequeño se acercó a la puerta de la iglesia, sacó del bolsillo un manojo de
llaves y abrió el enrejado del atrio y después la puerta:
-
¿Se puede entrar
a visitar el interior? –nos apresuramos a preguntarle.
-
Sí claro, pasen.
Mientras la mujer cogía su material de
trabajo y comenzaba con el barrido del templo, el niño que la acompañaba corría
de arriba abajo por la nave de la iglesia en silencio, como queriendo disfrutar
de sus juegos sin resultar irrespetuoso.
En lo que veíamos, nos pareció que
A Revenga se le ve orgullosa de su
estatus jacobeo. Prueba de ello es el tesón con el que defienden dicho título
aprovechando cualquier ocasión para sacarlo a relucir. No en vano miran con
cierto recelo esa ruta alternativa que se ofrece al peregrino a su salida de
Población de Campos y que les deja al margen del paso de los peregrinos.
- Quieren sacar dinero a los peregrinos y hacer negocio
con ellos, por eso se inventan ahora otras rutas que quieren quitarnos lo que
siempre ha sido nuestro –nos dijo en Frómista una hija de este pueblo con la
que tuvimos la oportunidad de charlar.
En Revenga,
cada uno a su manera, todos parecen haberse tomado el asunto muy en serio y a modo de homenaje, el herrero local, Ángel Abad,
realizó hace pocos años una escultura metálica representando a un peregrino, y
que poco a poco parece ir convirtiéndose en un icono más del camino.
Entre Revenga y Villarmentero
la marcha es breve y parecida a lo que llevamos hecho de etapa. Poco antes de
entrar en el pueblo encontramos a nuestra derecha un sencillo crucero, como
abandonado en medio del campo, que recuerda la leyenda de las reliquias de San
Martín de Tours.
Según nos contaron, los restos del santo
desaparecieron de la ciudad francesa de Avignon,
cuando estaban amarrados a un mulo para ser transportados a otro lugar, y
misteriosamente –milagrosamente, según nos corrigió nuestro interlocutor-,
aparecieron en el mismo lugar donde ahora está el crucero.
De ahí la mula se llegó hasta el pueblo y
entró en la iglesia, a la vez que las campanas del templo comenzaban a sonar
como si alguna mano invisible las volteara. Los vecinos del lugar, atónitos por
tan misteriosa aparición, se quedaron observando a esa mula que cargaba un gran bulto sobre el lomo.
Pero a esta no debió acomodarle la
iglesia de Villarmentero, y al poco tomó el camino que le condujo hasta la
iglesia de San Martín de Ribas de Campos donde ahí sí, decidió dejar en
depósito tan preciada carga, para que se conservaran como se hace aún hoy según
afirman, las reliquias de San Martín de Tours.
Agradeciendo a nuestro interlocutor tan
prolija y entretenida explicación, nos despedimos de él y continuamos nuestro
camino para entrar en Villarmentero de Campos. Lo
primero que nos sorprendió de este pueblo fue el bar-terraza
que hay a su entrada, y en el que se acoge al visitante con música Gregoriana;
según se ve acabando de llegar al pueblo, y todavía mediatizado por la visión
del crucero ante esa solemne llanura y los influjos de la leyenda, uno que oye
cada vez con más claridad dicha música, se siente embargado por una sensación
un tanto mística.
Pero leyendas y músicas aparte, si hay
algo que sorprende al caminante en su visita a Villarmentero
es su templo parroquial de San Martín de Tours que, a pesar de su modesta
fábrica, cuenta en su lado sur con un pórtico cubierto adornado con un bello
artesonado de madera sin pintar del siglo XV. De mayor calidad es el artesonado
de la misma época que cubre el presbiterio de esta iglesia de una única nave, y
que si el peregrino tiene la suerte de encontrar el templo abierto, es una
visita totalmente recomendable.
Cuando regresábamos del templo hacia el
camino, nos alcanzó un peregrino italiano que parecía haberse despistado y nos
preguntó por la dirección que había que tomar para llegar a Villasirga.
Continuamos la marcha hacia nuestro
destino, como llevamos haciendo toda la etapa, en paralelo a la carretera de
Carrión. Por el andadero no es raro cruzarse con hombres y mujeres del lugar
que, en una dirección u otra, emplean el camino de peregrinos como lugar de
paseo o desplazamiento entre pueblos. Esto da un sabor agradable y especial a
la travesía.
Villasirga no estuvo inicialmente en el camino de peregrinación
a Compostela, ya que desde Frómista a Carrión se pasaba, en un principio, por
la cercana villa de Arconada, donde existía un
importante hospital fundado por el conde Gómez Díaz en 1047. Con el tiempo, la
ruta se modificó debido especialmente a la fama de la
imagen de
En la popularidad del lugar y de la
imagen de la virgen blanca, no tuvieron que ver poco los milagros que se le
atribuían y que fueron recopilados por el Rey Sabio de Castilla Alfonso X, en
12 de sus Cantigas:
“Esto
ocurrió en aquél tiempo
en que la virgen comenzó
a hacer en Villasirga
milagros, por los que sanó
a muchos de enfermedades
y a muertos resucitó…”
Actualmente no queda claro cuál de las
dos imágenes que existen dentro del templo es aquella a la que se refieren las
Cantigas y que fue en su época venerada por milagrosa.
También existen dos representaciones de
Santiago, una de las cuales está en el retablo a él dedicado y que nos lo
muestra doliente, caminando con un libro en una mano,
un bordón en otra y la calabaza ceñida a la cintura. Pero lo que además puede
llamar la atención del curioso, es el sello de fábrica que su autor, el
escultor renacentista palentino Juan de Valmaseda,
imprimía a todas sus obras como marca diferenciadora:
tenía como costumbre esculpir a muchos de sus personajes con un dedo del pie
hacia arriba y este Santiago no fue una excepción.
Y es que la monumentalidad y riqueza de
la iglesia de Santa María, lejos de quedar fuera, en lo que ve el visitante
según se va acercando a Villasirga, es mayor y
produce más deleite al peregrino que gusta de estas cosas en su interior.
Aún a pesar de todo lo dicho hasta ahora
del lugar, al visitante le parecerá seguramente que son los dos sepulcros que
hay en su interior las joyas más impresionantes que custodia el templo. Y no le
falta razón para ello. Si el peregrino tiene la oportunidad de acercarse a
ellos o de observarlos desde las verjas que los custodian con unos prismáticos,
podrá recrear su vista en un precioso conjunto de relieves policromados que van
describiendo los ritos funerarios medievales.
Pero no nos detengamos más aquí, que no
pretendo hacer de esto una guía de viajes, si no más bien ir anotando el
testimonio de nuestra peregrinación para mantener vivo en el recuerdo lo que
nos ha ido aconteciendo.
Como todo hay que decirlo y conviene no
callar nada, aun cuando ello no sea algo bueno pero sí cierto, diremos que es
fama que en esta iglesia, a pesar de su magnificencia, la persona que se ocupa
de mostrarla a los visitantes está las menos de las veces, ya que las más está
ausente ocupándose vaya usted a saber de qué particulares. En aquella ocasión,
que llegamos como peregrinos, y en otra visita que hicimos como turistas al lugar
unos meses antes nos ocurrió eso mismo.
El
caso es que tras disfrutar en solitario el interior del templo y sellar por
nosotros mismos la credencial, nos acercamos al bar
que hay frente a él para tomarnos un café.
-
¿Y ustedes desde
dónde vienen? – nos preguntó el dueño del bar.
-
Desde Roncesvalles, aunque no lo estamos haciendo de tirón; aprovechamos días de fiesta y
vacaciones para ir haciendo el camino poco a poco… -le explicamos lo que ya
habíamos repetido en diferentes ocasiones.
-
Pero por lo que
veo no es la primera vez que vienen por aquí
-
Solemos venir
con alguna frecuencia, aunque esto ha cambiado un poco, ¿no? –dijimos
refiriéndonos a la horrible y destructiva obra de “restauración” que se ha
hecho del atrio de la iglesia.
-
Bueno, parece ser
que estaba aquello que se caía…
Nos
despedimos de nuestro contertulio y al salir del
local vimos que en una mesa descansaba frente a un café el italiano que
habíamos visto desorientado en Villarmentero.
Continuamos
nuestra marcha con la intención de unirnos al camino a la salida del pueblo.
Antes, pasaríamos junto a otro templo, esta vez profano por ser del buen yantar, que nos trae a la memoria
uno de los personajes más emblemáticos de los últimos tiempos del Camino y que
desgraciadamente ha fallecido en fechas recientes a los 83 años de edad.
Me
refiero, claro está, a Pablo Payo Pérez, mesonero mayor del Camino de Santiago,
y uno de sus embajadores desde los dos mesones que regentaba, donde nunca
faltaron unas sopas de ajo para los miles de peregrinos que hicieron un alto en
su caminar para alcanzar el jubileo Compostelano. En memoria de Pablo se ha
levantado a la puerta de su mesón una estatua conmemorativa en la que se le
representa sentado a una mesa, dispuesto a recibir en su compañía a todo aquél
peregrino que pase ante su puerta.
De
él queda en todos los que le hemos conocido un buen recuerdo que ahora deben
mantener sus hijos, sin dormirse en la confianza en la que han vivido
protegidos hasta ahora por el saber hacer de su padre. El tiempo hablará…
Continuamos
nuestro camino saliendo del pueblo por la calle que va a un lado del mesón en
dirección a Carrión. Lo que nos quedaba para llegar hasta el destino de esta
etapa era más bien poco: el mismo tipo de andadero paralelo a la carretera, un
firme cómodo y un terreno llano. A penas una hora de tranquila marcha.
Entramos
en Carrión por una larga calle, dejando a un lado la ermita de
Cuando
tras despedirnos del italiano, salimos del monasterio en dirección al centro
urbano, nos detuvieron los ancianos que habíamos visto antes discutir a la
sombra de la ermita:
-
¿Son ustedes
peregrinos?
-
Sí lo somos,
¿Qué se les ofrece?
-
¿Van a continuar
hoy el camino o van a alojarse aquí? –al vernos que no nos decidíamos a darles
una respuesta, añadieron- deben ser prudentes si continúan pues una vez que
salgan de Carrión no encontrarán otra localidad hasta los muchos kilómetros, y
si se pierden pueden hacer hasta 30…
Nos
explicaron que era fácil despistarse en la salida de Carrión y que debíamos
estar atentos a llegar a una gasolinera que había a la salida para orientarnos
debidamente.
Hasta
aquí sus explicaciones parecían estar llenas de coherencia y acuerdo entre
ellos. Sin embargo, fue en el momento de explicarnos cómo tomar el camino una
vez llegados a la gasolinera y calcular los kilómetros que desde aquél lugar
había hasta Calzadilla de
Nos
despedimos cortésmente y ahí les dejamos discutiendo de nuevo, como cuando les
habíamos visto la primera vez, contentos –de eso quedamos más que seguros- de
haber dado con otro motivo por el que llevarse la contraria unos a otros.
Como
ya se acercaba el mediodía y apretaba el hambre nos acercamos al Bar España que hay en una plaza, frente a los restos de las
viejas murallas y la entrada a
Nada más entrar en
Hambrientos como estábamos continuamos nuestro camino, hasta dar
con un bar que estaba en esa misma calle, poco
después de rebasar la casa del Marqués de Santillana,
en el que detuvimos nuestros pasos para comernos un bocadillo.
Antes de dar por finalizada nuestra etapa por aquél día, nos
detuvimos ante
Desde su mirador se observa el Monasterio de San Zoilo, el curso
del río Carrión y la arboleda que crece a sus márgenes en su más espléndida
belleza. En ese lugar, mientras nos deleitábamos placenteramente con las vistas
y el brillo vibrante de las hojas mecidas por el aire, con el fresco de aquella
tarde y el sonido rumoroso del rio y los árboles,
recordábamos cuánto de común tienen éste lugar y aquél ya lejano de Sansol –su nombre procede de San Zoilo-, desde el que
observábamos bajo nosotros el templo de Torres del Río.
Durante un largo rato permanecimos en total silencio,
deleitándonos en el momento que estábamos viviendo, siendo conscientes de que tras
de nosotros, cada vez más, iba quedando un largo y fructífero camino.